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La Semana Santa Ortodoxa en Rumania

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En el Evangelio según Juan, capítulo 13, hay seis referencias a Judas mientras los apóstoles estaban sentados a la mesa pascual en el aposento alto. "El diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote que le entregase;" "Vosotros limpios estáis, aunque no todos." Luego la cita de un salmo antiguo: "El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar." "Uno de vosotros me va a entregar." Y después del bocado [una porción del cordero pascual, generalmente para el huésped de honor]: "Lo que vas a hacer, hazlo más pronto."

Tropario de Pascua
(Tono 5)
Cristo Resucitó de entre los muertos,
pisoteando la muerte con su muerte,
y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros.

Condaquio de Pascua
(Tono 8)

Cuando descendiste al sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas: "¡Regocíjense!"
y a tus discípulos otorgaste la paz,
¡Tú que concedes a los caídos la resurrección!

 

La celebración del misterio pascual está en el centro de la fe y de la vida de la Iglesia. La resurrección de Cristo no es solo su victoria obre el pecado y la muerte. Es la manifestación de la divina economía de la Trinidad: el amor infinito y omnipotente del Padre, la divinidad del Hijo, el poder vivificante del Espíritu Santo.

Toda la historia de la salvación tiene su centro y su culmen en la Resurrección de Jesús. Hacia ella tiende la creación entera, las maravillas realizadas por Dios en el Antiguo Testamento, y de modo especial la Pascua de Israel, profecía de la Pascua de Cristo, de su paso de la muerte a la vida.

Hacia la resurrección del tercer día, tantas veces anunciada como coronación de su pasión por parte de Jesús, va precipitándose toda su vida, sus palabras, sus milagros, sus enseñanzas. Hasta los últimos momentos, cuando Cristo de muestra con sus palabras y con sus gestos que está para pasar de este mundo al Padre. En efecto, El del Padre ha venido y al Padre va, y por ello su vida es una Pascua, un paso; pero en este éxodo, más glorioso que el paso del Mar Rojo, Jesús arrastra su propia humanidad, asumida de la Virgen Madre, haciéndola pasar por el misterio de la pasión y de la muerte, para que quede para siempre sellada por el amor sacrificial en su carne que lleva marcados los estigmas de su pasión gloriosa.

A partir de la Resurrección se comprende todo el sentido de la historia del Antiguo y del Nuevo Testamento, la gracia de Pentecostés con la que del cuerpo glorioso de Cristo se desprenden las llamas del Espíritu Santo, para que la Iglesia viva siempre en contacto con este misterio que permanece para siempre y atrae hacia sí todo, anunciando ya su retorno final en la gloria y la pascua del universo.

La banda de captores llegó al Getsemaní; la seña fue un beso y un saludo. Judas nunca llamó a Jesús, "Señor." Aquí fue, "Maestro, Maestro." La respuesta del Salvador / Juez constituyó uno de los acontecimientos más conmovedores de la Biblia: "Amigo …," Juan 13.30,18.1,2, 2 Samuel 15.5, Marcos 15.45, Mateo 26.50.

Cuando vio que Jesús estaba condenado, Judas se arrepintió. Es probable que nunca haya esperado que Jesús fuese aprehendido. Él sabía que el Señor era sin pecado, y varias veces le había visto escapar de sus enemigos. Cuando la horrorosa verdad se apoderó de él, que Jesús realmente iba a morir, el remordimiento llenó su alma. Mateo 27.3 al 10

iconos Pasquas

El Ángel anunció a las Mujeres Mirróforas la Resurrección de Cristo diciendo: “No está aquí, ha resucitado. Id pues y anunciad a los apóstoles y a Pedro...”.

Los primeros testigos de la realidad del sepulcro vacío –según los cuatro evangelios– son María Magdalena y las otras mujeres; Juan menciona solamente a Magdalena, pero esto no descarta la posibilidad de que las otras mujeres se hallaran con ella; y ratifica a esta posibilidad el uso de plural en las palabras de Magdalena: “No sabemos donde lo pusieron” (Jn 20: 2). Aunque los evangelios eran redactados en un contexto que no validaba el testimonio de la mujer, sin embargo, los cuatro evangelistas registraron los nombres de estas mujeres y documentaron su testimonio, a tal grado que su importancia superó la de la llegada de Pedro y Juan al sepulcro vacío. Pues si su testimonio no hubiera sido sincero y auténtico, los evangelistas no lo hubieran subrayado de tal manera.

En el evangelio según san Marcos, el Ángel anuncia a las mujeres que el hecho de la Resurrección se ha consumado: “Ha resucitado”; pero no hay, absolutamente ninguna referencia al momento de la Resurrección. En el evangelio según san Mateo, el Ángel baja del cielo y retira la piedra, no para que ayude a Cristo a salir de su sepulcro, sino para que facilite a las mujeres el acceso al sepulcro vacío ya, a fin de que ellas verifiquen que el Salvador “ha resucitado” (Mt 28: 2).

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El descenso al Infierno

San Epifanio el Chipriota (315-403)

...Adán, entre los presos en el Hades, escuchó los pasos del Señor que se acercaba. Inmediatamente lo reconoció; entonces se volteó hacia los que le rodeaban desde los siglos y les dijo: “Amigos, estoy escuchando que se acerca a nosotros una persona que si fuéramos dignos de que viniera aquí estaríamos librados; si lo viéramos entre nosotros, estaríamos rescatados del Hades.
Mientras Adán hablaba a los condenados que estaban con él, el Señor entró cargando el arma triunfal de la Cruz. Al verlo, Adán grita con júbilo a todos los difuntos: “¡El Señor está con todos ustedes!, Cristo le contestó: “También con tu espíritu.”
Luego lo toma de la mano, y lo eleva diciéndole: “Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo (Ef. 5, 14). Yo soy Dios que por ti me hice hijo tuyo. Ahora estás conmigo tú y toda tu descendencia; con mi Poder Divino les otorgo la libertad. Digo a los encadenados: ‘salgan’, a los que están en la oscuridad: ‘revélense’, y a los que están bajo la tierra: ‘resuciten’.
A ti, oh Adán, te digo: despierta de tu eterno sueño. No te hice para ser encadenado en el Hades. Levántate de entre los muertos pues Yo soy la vida de los difuntos: elévate, tú a quien hice según mi imagen. Partamos de aquí, pues estás en mí y yo en ti; por ti tomé la imagen de siervo; por ti bajé a la tierra y a las partes más bajas, Yo, que soy más Alto que los cielos. Por ti me hice un hombre que no tiene auxilio, relegado entre los muertos. Por ti, que saliste del jardín del paraíso, en un jardín fui entregado a los judíos y en un huerto, crucificado...
(de la homilía de San Epifanio, obispo de Chipre, sobre el descenso triunfador de Cristo al hades, que se lee en los monasterios en el Sábado de Luz)

  • Al Domingo de santo Tomás se le llama también el Domingo nuevo, porque es el primero después del de Pascua. Y la semana anterior a éste, llamada “de Renovaciones”, es considerada como un solo día pascual, en el que todo ha sido renovado. “No hay nada nuevo bajo el sol”, dice la Escritura. Lo único nuevo a nuestro mundo es que Cristo ha resucitado, y el domingo de hoy anuncia esta novedad que debería sellar nuestra vida entera: “Cristo ha resucitado.”
  • “Estando cerradas las puertas [...], se presentó Jesús...” Y habiendo resucitado en el cuerpo dijo: “palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo” (Lc.24, 39). Sin embargo, el cuerpo del Resucitado, como incorruptible que es, no está sometido a las leyes y limitaciones del mundo corrupto. Por eso entró estando serradas las puertas, y también había salido del sepulcro sellado con una piedra grande. San Pablo así describe la resurrección: “Se siembra un cuerpo natural, y resucita un cuerpo espiritual.” Entonces Cristo, con su resurrección, llevó nuestra naturaleza corrupta al campo de la incorruptibilidad, de la eternidad.
  • “Qué graciosa es la duda de Tomás...”, dice uno de los cantos del Domingo Nuevo; pues Tomás con su incredulidad hizo confirmar a Jesús, el presente entre los discípulos, que es el mismo que fue crucificado, y que no era un espíritu o fantasma; lo que dispuso que fuese la prueba más firme de la resurrección del Salvador. La duda de Tomás se transformó en fuerza y fe inmovible para todas las generaciones venideras.
  • “¡Señor mío y Dios mío!” Éste fue el Credo que Tomás anunció al tocar el Costado puro. La novedad de dicha confesión se encuentra en llamar a Cristo “Dios”; pues si bien es común escuchar a los apóstoles llamarle “Señor”, aquí Tomás descarta cualquier tibieza respeto a la divinidad de Cristo, llamándolo: “Dios mío”. Cabe mencionar que en el texto griego original, la expresión es acompañada con el artículo, “el Dios mío”, lo que confirma el propósito de Tomás: Tú eres el único Dios que antiguamente te llamaron Yahvé, el Creador y Redentor, por Quien hemos sido renovados.

El rito de bendecir los huevos es una de las costumbres muy cercanas al corazón del pueblo ortodoxo; quizás, la salida del pollito del huevo es una imagen que simboliza la salida esplendorosa de la Vida, desde las oscuras profundidades del sepulcro “la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.” (Jn.1,5). Así como el mismo pollito con su pico rompe la cáscara cuando se cumplen sus días para salir a la existencia, así Cristo, salió resplandeciente al tercer día por su propio Divino Poder. Respecto a la coloración de los huevos, inicialmente se usaba el color rojo que simboliza la sangre derramada de Cristo. Posteriormente se difundió el uso de muchos colores, primero por expresar la alegría y segundo porque la Pascua cae en la primavera donde las flores brillan con sus colores.

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